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Martes, 19 Marzo 2013 20:57

Francisco, Papa, Padre y Pastor

Por P. Adolfo Uriona fdp
Obispo de Añatuya
Publicado en edición Nº57 de
Revista Don Orione / Marzo 2013

“Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?».
Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas».
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?».
Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Y Jesús dijo a Pedro: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.
Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.
Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo» (Mt 16,13-19)
¡El cardenal Jorge Mario Bergoglio ha sido elegido como Sucesor de Pedro asumiendo el nombre de Francisco! Sin dudas, un acontecimiento que nos llena de alegría como Iglesia en la Argentina.
Al revisar y pensar los hechos de todo este tiempo, hubo uno en particular que me llamó la atención: el Cónclave comenzaría el 12 de marzo, fecha del encuentro de nuestro Padre Fundador con Dios, su entrada en la gloria de los santos. Estaba convencido que Don Orione, quien siempre amó entrañablemente al Papa y a la Iglesia, con toda seguridad estaría intercediendo desde el cielo por el nuevo pontífice que tendría que asumir el gobierno de la barca de Pedro en condiciones muy particulares de la historia.
Desde una mirada auténtica sabemos que el Espíritu Santo gobierna la Iglesia y Él sabe muy bien lo que hace por encima de todas las especulaciones, generalmente vanas y superficiales o a veces mal intencionadas, de tantos “opinólogos”, que no perciben para nada que la Iglesia es una realidad humana, pero Divina al mismo tiempo.
Evidentemente el nuevo Papa, Francisco, se encontrará con grandes desafíos, sea en relación con el mundo, en esta cultura dominante, subjetivista e inmanente, como con la necesidad de muchas reformas y -por qué no- de “purificación” al interior de la Iglesia.

El nuevo Papa, un hombre bueno

“Llegó a la silla de Pedro un buen hombre”, escribió un reconocido periodista argentino. Y así es. Realmente el cardenal Bergoglio, ahora Francisco (lo reciente del acontecimiento hace que aún no me acostumbre a su nuevo nombre) es un “hombre bueno”.
Lo digo por convencimiento: este hombre que asume por “obediencia de fe” la conducción de la Iglesia es un hombre bueno y un “hombre de Fe”, es decir, alguien que siempre mira y juzga los acontecimientos desde esa mirada que va “más allá” y que da otra perspectiva, trascendiendo y superando la horizontalidad (y a veces miopía) de la simple mirada humana.
Francisco es también un “hombre sabio”, entendiendo por esto no tanto alguien que posee muchos conocimientos (aunque esto se lo pueda atribuir sin dudar al nuevo Papa), sino la persona que ha sabido hacer una síntesis vital de todo lo que ha aprendido y vivido a lo largo de su existencia, en lo más profundo de su corazón. Síntesis que le permite transmitir una palabra con “contenido”; es decir, no una palabra “hueca o vacía” a la que estamos acostumbrados en esta verborrágica cultura, sino una palabra que penetra en lo más hondo del otro, haciéndole bien, transformándolo.
Palabra que siempre ilumina y, cuando es proferida en público, normalmente cuestiona, no nos deja indiferentes, invita a tomar postura; también, muchas veces, molesta y provoca reacción. Es una palabra “profética” porque el que la pronuncia es un “profeta”, en la acepción más específica de este término: “el que habla en nombre de Dios”, tal como le dijera Yavé al profeta Jeremías: “En cuanto a ti, cíñete la cintura, levántate y diles todo lo que yo te ordene. No te dejes intimidar por ellos, no sea que te intimide yo delante de ellos. Mira que hoy hago de ti una plaza fuerte, una columna de hierro, una muralla de bronce, frente a todo el país: frente a los reyes de Judá y a sus jefes, a sus sacerdotes y al pueblo del país” (Jer 1, 17-18).
El papa Francisco es humilde y firme a la vez. Podríamos traer aquí las palabras del profeta Isaías acerca del Servidor de Yavé, diciendo que el cardenal Bergoglio, “nunca gritó ni levantó la voz por las calles; tampoco rompió la caña quebrada ni apagó la mecha que arde débilmente, sino que siempre expuso el derecho con fidelidad…” (Cf. Is 42, 2-3). Su voz, normalmente suave, siempre se levantó en defensa de los más marginados de la sociedad sin temor a los poderosos y a los que lo injuriaban gratuitamente. Al igual que los auténticos profetas del Antiguo Testamento jamás se dejó intimidar por los que detentan el poder.
Sus gestos, corroborados con su ejemplo de vida, hablan tanto o más que sus palabras y siempre invitan a tomarse en serio el Evangelio. Los mismos no son estudiados, artificiales o pura apariencia sino que, al igual que en Jesús, parten de “un corazón que sabe compadecerse” del otro (cfr. Mc 6,34). La compasión siempre fue la fuente de su ministerio pastoral y por ello a todos instaba a “ser misericordiosos”.
Finalmente y quizás lo más importante, Jorge Bergoglio es un hombre de oración prolongada y de una vida muy austera. Es manifiesta su cercanía con los más pobres. Solía tomar el subte y el colectivo para visitar las villas de Buenos Aires y así acompañar a sus curas que estaban en medio de la gente, compartiendo sus vidas, penas, dramas, anhelos y esperanzas.
Quizás sea una de las razones porque ha elegido el nombre de “Francisco”, tomando como modelo al “pobrecillo de Asís” quien, sin proponérselo, con su “desposorio con la pobreza”, su sencilla predicación y su abandonarse en las manos del Padre, logró una profunda reforma en la Iglesia de su tiempo, la cual peligraba a causa de la tentación de las riquezas y la mundanidad.

El papa del continente de la esperanza

 

Los cardenales, inspirados por el Espíritu Santo, han elegido un Papa de Latinoamérica, “el continente de la esperanza”, como solía llamarlo el gran Pablo VI.
En el documento final de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que tuvo lugar en el santuario de Nuestra Señora de Aparecida de Brasil (2007), donde tuvo mucho que ver en su redacción el cardenal Bergoglio, se nos dice:
“Esta Vª Conferencia se propone ‘la gran tarea de custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios, y recordar también a los fieles de este continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo. Se abre paso un nuevo período de la historia con desafíos y exigencias, caracterizado por el desconcierto generalizado que se propaga por nuevas turbulencias sociales y políticas, por la difusión de una cultura lejana y hostil a la tradición cristiana, por la emergencia de variadas ofertas religiosas, que tratan de responder, a su manera, a la sed de Dios que manifiestan nuestros pueblos”.
Frente a los profundos cambios culturales (se habla “no de una época de cambio sino de un cambio de época”), que producen un “desconcierto generalizado” en los fieles, particularmente en los más pobres y sencillos, seguramente Francisco se propondrá “custodiar y alimentar la fe del pueblo de Dios”, amenazada por esa “cultura lejana y hostil” a nuestras raíces cristianas.
Siendo presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, el Cardenal Bergoglio, después de una entrevista siempre nos pedía: “Rezá por mí”. Fiel a esta costumbre así lo hizo, en un gesto elocuente, con el pueblo congregado y con los que lo seguían por los medios de comunicación el día que se asomó al balcón de la plaza San Pedro: “…Ahora quisiera dar la Bendición, pero antes les pido un favor: antes que el Obispo bendiga al pueblo, les pido que ustedes recen para el que Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la Bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de ustedes por mí....
Ahora daré la Bendición a vosotros y a todo el mundo, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad”.
Nos narran los Hechos de los Apóstoles que “mientras Pedro estaba bajo custodia en la prisión, la Iglesia no cesaba de orar a Dios por él” (Hech 12,5). Así como la Iglesia primitiva, que ante la seria amenaza que estaba viviendo Pedro, su pastor, no cesaba de orar por él, también nosotros comprometámonos a rezar por Francisco. ¡Ahora, más que nunca lo necesita! ¡La carga y la responsabilidad son muy grandes! Sabemos que lo asiste el Espíritu Santo, pero también necesita el acompañamiento hecho oración y acción del Pueblo de Dios.
Recemos para que el Espíritu Santo, que no deja de asistir a su Iglesia, guíe el ministerio de nuestro papa Francisco, renovando y actualizando cada día la promesa de Jesús: “Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella."

Cada Hoja

Cada hoja que cae me recuerda que la vida se pasa:

cada golondrina que emigra me recuerda a mis seres queridos que dejaron la tierra para ir a la eternidad y mientras la naturaleza me habla sólo de de dolor

la Fe sólo me habla de esperanza.


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